EDUCAR Y APRENDER
“Educar a un joven no es
hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía”
John Ruskin. Teniendo
presente esta frase, se puede expresar que educar es un término estrechamente
ligado al de aprender, pero un aprendizaje basado en la reflexión y en la
integralidad del sujeto. No
se logra el objetivo de educar, cuando éstos no aprenden a
interiorizar lo que se comparte y por consiguiente, a modificar las conductas,
pensamientos, acciones que emprenden en su vida.
La
Educación es un proceso que vivimos a lo largo de la vida, es inherente al ser
humano, se educa para que los sujetos aprendamos, nos apropiemos de ideas,
conceptos, prácticas, pero sobre todo, lo aprendamos de una forma reflexiva,
crítica, creativa y seamos capaces de transformarnos y transformar lo que nos
rodea, es una metamorfosis. Son procesos que sensibilizan al
ser humano, que lo hacen valorar cada una de las partes que integran su
contexto y a todos aquellos que conviven y comparten las experiencias asociadas
a su aprendizaje.
En
los espacios educativos, es urgente la transformación de las metodologías, de
las actividades de aprendizaje, más que un proceso de transmisión de
conocimientos, es necesario generar espacios de autoreflexión, de comprender
qué somos, y para qué existimos; es fundamental hacer un alto en el camino y encontrarle significado a lo que se enseña
y a lo que se aprende, es transformar el ser, para comprender el por qué de
nuestro accionar.
La
falta de reflexión, de propiciar espacios para el pensamiento creativo,
crítico, en los procesos educativos y de
aprendizaje, pueden ser los responsables de las actitudes, conductas, acciones
que suelen ser características de las actuales generaciones, y por qué no, de
las generaciones a las cuales cada uno de nosotros pertenecemos. La individualidad de los sujetos, se
acrecienta cada día más con el uso de las tecnologías; la convivencia, el
compartir, se convierten en factores no
indispensables en los sujetos, lo que va en detrimento de la formación
integral, del trabajo en equipo, colaborativo de los participantes de los
procesos de educar y con él el de
aprender.
Teniendo
presente lo expuesto, educar a un joven, o a cualquier sujeto aprendiente, no
implica el “vaciado” de información que desconocen y apropiarse de ella, sino
más bien, contribuir, a partir de la mediación pedagógica, a que los
aprendientes sean sujetos activos del proceso, que reflexionan sobre los
conocimientos, a la luz de sus experiencias previas, que sean críticos, creativos,
que descubran su mundo, que construyan su aprendizaje, pero sobre todo, que se
logre una verdadera transformación de sí mismo, y surja en él, alguien que no
existía. De ahí que educar debería ser un proceso que forme para la vida, y que
promueva un aprendizaje que contribuya a despertar el verdadero ser de los
sujetos, para aprender a hacer lo que le corresponda.

